viernes 15 de mayo de 2009

Las incursiones dentro de mi

Desde hace más de un año voy a terapia una vez a la semana. Los miércoles a las 6 de la tarde. Solía llamarlo con mis compañeros de trabajo “burro de los loquitos” y la decisión de volver a la terapia luego de mucho tiempo fue un ataque repentino de llanto que no me dejó salir de mi casa en dos días, donde lloré y lloré sin parar, como si nunca en mi vida hubiera llorado. Como si mis lagrimales hubieran estado obstruidos durante años y ese día por arte de magia se habían destapado.

Ese día, hace un poco más de un año, pensé me había vuelto loca. Siempre he sido una persona controlada, yo decidía donde y porque llorar, con cual intensidad y porque motivos. Pero ese día no sólo lloré, sino que también grite, me puse histérica y por obra y gracia del espíritu santo no había forma de que me callara. El llanto duró dos días, en los que yo no podía hablar sin comenzar a llorar, parecía un pollito, arropada en mi cama, sólo lloraba y dormía. Mi esposo intentó sacarme de la casa, pensó que yo, que toda mi vida había sido la mejor portada de todas, en la calle no iba a llorar. Pero se equivocó, seguí llorando en el carro, en el centro comercial, de ida y de regreso, sin poder parar, lloraba y lloraba, no podía hablarle, sólo lloraba. Para mi definitivamente me había vuelto loca, estaba insana y eso debía solucionarse.

Mi esposo llamó a una psicóloga conocida y le contó que yo no paraba de llorar. Yo dentro de mi llanto me imaginaba que Miguel estaba llamando al manicomio y que dentro de poco llegaría el camión de los locos a llevarme. Su amiga le dijo que me diera unas valerianas y que me dejara llorar, que por alguna razón lo estaba haciendo. Que nos veíamos el martes.

Desde ese día trato de ir sin falta todos los miércoles. Descubrí que no estaba loca, sólo que tenía la propensión a aislar los sentimientos y las situaciones que no podía manejar. Descubrí que era muy estructurada y que a veces rallaba en lo obsesiva, que vivía en un castillo perfecto construido por mí misma y que de allí no me gustaba salir. Descubrí que para sobrevivir a muchas situaciones en mi vida había construido un mundo paralelo y en el vivía feliz. El llanto reveló todas esas cosas

Desde ese día cada miércoles hago incursiones dentro de mí, descubro cosas, que para bien o para mal están ahí y descubrirlas me ayudan a manejarlas, aunque sea para vivir luego con ellas. Pero quizás una de las cosas más importantes de los miércoles fue descubrir que a veces no puedo con las cosas, descubrirlo, pero sobre todo decirlo en voz alta y aprender a reconocerlo desde lo más profundo de mi estómago. Saber que no soy súper poderosa y que eso no es malo. Cada miércoles trato de ser menos perfecta, trato de bajarme de mi castillo, salgo pasito a pasito del mundo paralelo perfecto, cada miércoles aprendo a decir no puedo, a pedir ayuda, a llorar cada vez que sea necesario y con la intensidad que mis lágrimas decidan. Aprendo a hacer menos esquemas y a hacer las cosas más porque las siento. Hoy es miércoles y estoy feliz por eso.

jueves 22 de enero de 2009

Lo que aprendí de Sao Paulo

Que huele a pega elefante, esa que usas cuando estás en el kínder. ¿Quién sabe por qué?
Que tiene un clima absolutamente descabellado. De 30° a 15° en menos de una hora.
Que está lleno de mujeres bellas, bien vestidas, sin tacones, con el pelo sensacional y las piernas largas.
Que es muy barato cuando está en saldo.
Que es un poco aburrido si vas de Desperate Housewive.
Que es espacioso, sus calles, sus aceras, sus avenidas
Que a las 9 de la noche se puede caminar por la calle (siempre que estés en una buena zona).
Que el metro es imposible de descifrar.
Que la gente fea la deben tener escondida en algún lado. ¿Quién sabe donde?
Que es linda, linda
Que es verde, aunque parezca mentira. Con parques, muchos parques.
Que todos –no sé cómo- tiene carros bellos.
Que los taxistas no manejan como locos
Que la gente, así no te entienda ni media palabra, es amable.
Que pasarse una semana hablando por señas no es tan chévere
Que vivir más lento, es difícil, pero tiene su encanto.
Que puedes ir en tacones, así todo el mundo te vea raro!

viernes 5 de septiembre de 2008

Así también es amor

El amor no siempre es desgarrador. A veces el amor es tranquilo. Te da paz, esa paz que te hace dormir, esa paz que te hace sentir que nada más te hace falta en la vida.

El amor también puede darte millones de sonrisas y muy pocas lágrimas. El amor no siempre es desasosiego. A veces el amor es simplemente felicidad y así también dura, así también es amor. Así aunque no lo crean, así el amor es mejor.

jueves 4 de septiembre de 2008

Aprendiii

Ya no se me apaga el carrooooo..... LO MÁXIMO!!!!

miércoles 3 de septiembre de 2008

Parte II: Las clases de manejo y los tacones.

Sigo tratando de aprender a manejar sincrónico. Creo que esos carros definitivamente no son para mujeres, o por lo menos para mujeres con estilo.

Hoy el que insistió en que me quitara los tacones fue Baloo (el profesor). Me miró llegar de lo más bella, con los zapatos más bonitos que tengo, rosados por supuesto y me dijo:

-¿Qué es eso?
- ¿Qué cosa?
-Eso que tienes en los pies.
-Uno zapatos, no ves.
-Creo que son esos zapatos de 10 cm no vas a aprender nunca. Necesito que vengas mañana con unos zapatos bajitos.

Yo lo miré con cara de pucheros a ver si entendía que no se trataba de un capricho, sino de una extensión de mis piernas. Que yo había nacido así y que era una cosa que no podría cambiar tan fácil.

-Te quedan tres clases y todavía no puedes manejar este carro sola, creo que es necesario que mañana vengas con zapatos bajitos.

Yo lo miré otra vez con cara de decepción, pero esté vez le dije que mañana traería los zapatos bajitos para ver si así lo lograba. Me puse triste y no entendía como no podía aprender con mis tacones, pero lo cierto es que no puedo, que se me resbala el pie y se me apaga el carro.

Mañana intentaré hacerlo con otros zapatos, a ver si lo logro. Pero juro por dios y por todos los santos que aprenderé a manejar con tacones. Cuando nadie se de cuenta los meteré debajo del asiento y me los pondré. Un carro no va a poder conmigo y con mis tacones rosados.

viernes 29 de agosto de 2008

Mis clases de manejo

Hace dos días fui a mis primeras clases de manejo sincrónico. A mi, lo de manejar la verdad nunca se me ha dado muy bien. Mi esposo ha intentado muchas veces que entienda la mecánica del croche (no sé como se escribe esa palabra, creo que nunca la había escrito antes) y la palanca, pero nada que aprendí. Para mi los carros tiene dos pedales: un freno y un acelerador, lo demás sobra.

De lo primero que me di cuenta es que tengo miedo escénico. Las cosas que no sé hacer simplemente no las hago, entonces cuando hago algo y lo hago mal no lo puedo hacer delante de otras personas, por está razón cuando venía algún carro junto a mi yo perdía el control y el carro se me apagaba. La última vez que mi esposo intentó enseñarme casi estrello el carro contra un árbol, así que, como era de esperarse, se cansó y tomo cartas en el asunto.

-Mañana mismo vas a la autoescuela –me dijo. Junto a este anuncio me hizo un cheque y me mandó a inscribirme.

El día siguiente a las 7 de la mañana estaba yo en la autoescuela con todas mis esperanzas puestas en que ahora si iba a saber manejar esos carros con tres pedales. Pero no era tan fácil como firmar el cheque y pagar las clases.

Luego de saludarme, el profesor me mandó a montarme en el puesto del piloto.

-Qué!!!!!, ¿usted está loco? Si yo no sé manejar esto.
-Eso no importa para eso estamos aquí.

Me explicó lo básico y me dijo prende el carro y arranca. Pero él no sabía lo que le esperaba. Con su mirada de sabio instructor no sabía que lo que venía no estaría fácil.

El carro no había avanzado más de 20 metros cuando se había apagado aproximadamente 10 veces. Él me miraba con cara de “me estás jodiendo verdad”, yo lo veía con cara “lo siento, no te estoy jodiendo”.

El profesor parecía no tener mucha paciencia, y aún así trataba de explicarme como demonios se hacía para que el carro arrancara.

-Disculpe, decía yo con cara de “trágame tierra”. ¿Me puede volver a explicar por favor?

El profesor, que es una especie de Oso Baloo criollo de 23 años, me miraba con cara de “eres bruta o sólo te disfrazas cuando vienes a las clases de manejo”. Luego de mirarme unos cuantos segundos me dijo:

-A ti te cuesta, verdad. Esto de manejar te cuesta.
-Si, un poco. Respondí yo, viendo el volante y con cara de imbécil.
-Si ya me di cuenta. ¿Cuántas clases pagaste?
-Ocho
-Creo que necesitas 20.

Yo me reí. Traté de contarle algunas cosas de mi vida, a ver si me tenía un poquito más de paciencia y parece que funcionó. Terminé la clase y con una media sonrisa el Baloo criollo me dijo:

-Tranquila, mañana estarás menos nerviosa.

Ya llevo tres clases y por lo menos ya no voy por el medio de la calle, no atropello a la gente, ni he chocado. Aunque el Baloo venezolano me sigue viendo con cara de, esta niña de verdad no tiene talento para esto y cada cinco minutos me grita "FRENAAAAAAAA, FRENAAAAAAAAAAAAAAAA".


P.d: Mi esposo insiste en que manejar sincrónico con tacones es mucho más difícil. Yo le respondo: sino sé manejar con tacones, entonces para que quiero manejar.

miércoles 27 de agosto de 2008

La inspiración perdida.

A veces se me va la inspiración. Días enteros tratando de que me salga una letra y no me sale nada. Días, días, días sin nada. Entonces me culpo, me digo que es porque no leo lo suficiente, me digo que es porque no sufro, me digo que es porque no soy lo suficientemente buena, o lo suficientemente inteligente.

La inspiración corre y se esconde, cuando sufro suelo escribir, escribir sin parar. Cuando estoy triste escribo, escribo y escribo. Pero cuando soy feliz no me es tan fácil. A veces pienso que para escribir, escribir y escribir hay que sufrir. Entonces quiero sufrir, porque a mi me gusta escribir, y me gusta hacerlo en primera persona.

La gente dice que irse de viaje, que eso inspira. Que cambiar de vida inspira, que leer cosas de otra gente inspira. Pero no, Ya hice todo eso, a veces nada me inspira y me desespero y como quería escribir hoy, inscribí este mal post sobre mi falta de inspiración.

Creo que la decisión de ser feliz en la vida me está costando mi inspiración. No sé si lo podré soportar. Lo intento, porque al final ser feliz es chevere. Pero hoy quería escribir.

Si alguien sabe algunas técnicas para la inspiración que me lo diga YA, por el amor de dios.

Pd. Intenté escribir cualquier cosa a ver si me salía algo bueno… pero sólo salió esta porquería, igual aquí va.